Ladra Peñarol (el perro del barrio). Es amarillo cruza y ladra y ladra. Salgo al balcón a ver qué pasa. Es domingo y son las 8 de la noche, no hace frío... está
raro. Como cuando se viene LA tormenta (pero después la tormenta nunca llegaría). Me duelen las piernas de andar por la Quebrada de los Cuervos y hacerme la loca. Lo miro a Peñarol como diciendo
a ver, mijo, qué pasa?. Nada. Peñarol le ladra a la nada... perro caprichoso.
Pasan unos planchas hablando de algo de un tal Indio. Miran al balcón y yo me hago la boluda (para evitar el
sale una moneda ahi?). Pasan los tambores también, que van a la Quicuyo. Generalmente se juntan los miércoles y los sábados, pero este domingo hay tambores. Hace meses que estoy por ir a curiosear. He pasado en auto y pinta bien... pero no consigo escolta.
Aprovecho para regar las plantas, tan deprimidas por mis olvidos. Miro las vías y pasa el tren, tiembla el suelo. En Sayago nadie le da pelota al tren, pero que sea cosa de todos los días no quita lo poético. Yo lo adoro.
Clap, suena la tapa del contendor. Uno hurga la basura y yo también hurgo otras cosas en mi cabeza desde el balcón. Ayer pensé en dibujar de nuevo y las hojas porosas y los lápices blandos me están llamando. Dale, dale. Sale la vieja de mierda de la planta baja, me mira sin saludarme: yo ídem. No me querés, yo no te quiero. Vieja al pedo que cuenta cada vez que se me cae algo al piso, o anda escuchando si ando de tacos, o si me junto a jugar a la conga con mis amigas.
Tengo estas cosas en mi cabeza para hurgar. Y tengo MI casa y MI cocina finalmente. Y tengo plantas en mi balcón. Y balcón, para mirar el barrio los domingos de nochecita.